El pastor y su poder En Cristo.

El Dr. Wayne Oates, en su libro The Christian Pastor habla del poder simbólico del pastor como representante de Dios en Cristo, por medio de la actuación del Espíritu Santo. Pablo deja esto claro en su declaración en 2 Corintios 5:20…“ Así que somos embajadores de Cristo, como si Dios los exhortara a ustedes por medio de nosotros: «En nombre de Cristo les rogamos que se reconcilien con Dios.»”

El consejero en la pastoral del camino es un “recordatorio” de Cristo; es parte del “Divino encuentro”, entre el hombre y Dios. Niebuhr dijo: “El ministro ha recibido su autoridad para predicar, enseñar, liderar el culto y el cuidado de las almas, directamente de la Iglesia y de las escrituras” (H. Richard Niebuhr, The Purpose of the Church and Its Ministry, p.70). Pero va mucho más allá: es una autoridad fundamentada en su propia experiencia con el Evangelio, con las buenas nuevas de Dios en Cristo Jesús, lo cual le da el poder de declararlo y anunciarlo a otros. “Pero cuando venga el Espíritu Santo sobre ustedes, recibirán poder y serán mis testigos tanto en Jerusalén como en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra” (Hechos 1:8).

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El pastor y su crecimiento en Cristo.

El Pastor “con el Camino”, entra en un proceso de crecimiento hacia al camino de la plenitud: “Más bien, al vivir la verdad con amor, creceremos hasta ser en todo como aquel que es la cabeza, es decir, Cristo” (Efesios 4:15).

“Desde una perspectiva cristiana, la vida de Jesús nos muestra las completas y ricas posibilidades de la plenitud humana. En Jesús encontramos una persona que crece, plenamente viva y llena de amor. En Jesús la palabra se hizo carne, de manera que a Dios ya no se le debe buscar más en un lugar distante de nuestra situación humana. Vemos en él la plenitud reveladora que Dios anuncia para todos nosotros. La vitalidad de Jesús, es transformadora y sanadora, de alguna manera trasciende los siglos”. (Howard Clinbell-pg61).

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¡SABOTEANDO DIOS!

¿Es posible sabotear a Dios? En la verdad cuando intentamos sabotear a Dios, estamos saboteando a nosotros.
Hay muchos que piensan que con su espiritualidad exterior, sus activismos religiosos y eclesiásticos serán capaces de engañar a Dios. Uno puede ser un pastor de “éxito”, logrando y ilusionando toda a una congregación o comunidad, con su oratoria, con su capacidad de liderazgo, con su activismo y con su máscara moralista de espiritualidad y ser un lobo en piel de oveja. Muchos están usando esta máscara para esconder sus pecados ocultos y intentando pagar su penitencia por un pecado no confesado. Nadie pude sabotear a Dios.
Lo que importa es el fruto genuino que existe por medio de una conexión profunda con Cristo, por medio del absoluto sometimiento.

Mateo 7:21-23 Nueva Versión Internacional (NVI)
21 »No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos, sino solo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo. 22 Muchos me dirán en aquel día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios e hicimos muchos milagros?” 23 Entonces les diré claramente: “Jamás los conocí. ¡Aléjense de mí, hacedores de maldad!”
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El pastor y la encarnación de la misión de Cristo.

En el fundamento creacional de Dios, quien en su diseño original creó al hombre a su imagen y semejanza, la meta es: retornar a ese principio como base de una vida abundante y con significado. Tal como afirma el Dr. Hebert Palomino: “Esa imago Dei fue traspasada por la presencia del pecado. Sin embargo, la misma imago Dei es restaurada y centrada en la persona de Jesucristo”.

La Pastoral del Camino va más allá de cualquier método o teoría. Solamente ella puede encarnar la misión trascendente anunciada por Jesús: “Anunciar buenas nuevas”. Lejos de estancarse en experiencias del pasado, la misma anuncia esperanza y abre posibilidades.

“La presencia de Jesús en la Pastoral del camino es acción de vida y vida con propósito” (Palomino). Mientras que las circunstancias criticas o ambivalentes en la vida tienden a crear confusión, culpa, frustración, dolor, angustia, y muchos otros sinsabores, la presencia de Jesús trae consuelo, opciones, paz y, por sobre todo, esperanza a pesar de…

Esto me lleva a pensar en mis encuentros en el camino, en la “Unidad de Quimioterapia”, donde desarrollo mi trabajo como capellán. Allí puedo ver cómo la realidad de la presencia de Cristo cambia la expectativa de vida del paciente, llevándole hacia una visión trascendental donde a pesar del dolor, del deterioro del cuerpo físico, el paciente “en Cristo” logra sacar de dentro de sí, una fuerza trascendente que solamente la presencia de Jesús logra realizar. La presencia de Cristo, transmitida en la pastoral del camino, hace que el paciente encuentre significado en la perspectiva de vivir con propósito lo que resta de su vida. La presencia de Jesús hace que el paciente pueda entender que aun en ese valle de sombra y de muerte, él no está solo; Alguien camina con él, a pesar de….

El teólogo Paul Tillich afirma que: “El criterio final de toda revelación es la figura de Jesús siendo el Cristo”. Por lo tanto el pastor, consejero y capellán solo podrá hacer una pastoral eficiente, estando “en Cristo”.

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El Pastor en “El Camino”.

Juan 15:5: Separados de mí no pueden ustedes hacer nada.
2 Corintios 5:17 De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas (RVR1960)

El pastor “en Cristo”

El fundamento de toda esta tesis está “En Cristo”: no se puede lograr una Pastoral del Camino sin que el consejero esté en completa armonía con el camino. Es impresionante ver el uso por el apóstol Pablo de la expresión “en Cristo”. El propio Jesús dejo bien en claro: “Separados de mí no pueden ustedes hacer nada”.

La esencia de la consejería cristiana es Cristo; por lo tanto todos los recursos adicionales que utilicemos en esta tarea, aunque sean herramientas importantes en el proceso, no servirán de nada si el consejero cristiano no estuviere en perfecta comunión con el “Admirable Consejero”. Esto implica ser “una nueva criatura”. El consejero cristiano debe ser una persona que ha tenido una experiencia de conversión y llamada en su relación con Cristo; en otras palabras, debe “conocer el Camino y vivir con el Camino”.

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LA PASTORAL EN EL CALVARIO

Lucas 23:34 —Padre —dijo Jesús—, perdónalos, porque no saben lo que hacen.

Aquí encontramos a Jesús en su pastoral del camino, ahora ya en sus últimas horas. Su dolor es intenso, pero su pastoral de la gracia continúa hasta los últimos minutos de su vida.

A pesar de todo el rechazo, de toda la traición, de todo el dolor, la pastoral de Jesús no cambia; su amor por el ser humano es incondicional. Hasta el mismo Ladrón de la cruz fue pastoreado, recibiendo en sus últimos minutos aliento y esperanza.

En nuestra pastoral del camino muchas veces vamos a vivir sentimientos de dolor, de rechazo, por parte de aquellos a quienes estamos cuidando. Pero el Señor nos enseña aquí a no perder de vista nuestro cuidado pastoral incondicional, que debe ser lleno de gracia y amor.

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EL ENCUENTRO CON LA MULTITUD.

Mateo 21:10

Cuando Jesús entró en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió.
Mateo 23:37
¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! ¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos, como reúne la gallina a sus pollitos debajo de sus alas, pero no quisiste!

Me gustaría compartir dos principios que podemos aprender en estos encuentros de Jesús con la multitud en Jerusalén.
Primero quisiera recordar la entrada triunfal de Jesús. Es importante para los que están en el área del cuidado pastoral, el estar preparados y no crear expectativas falsas en el camino. Aquí vemos una multitud que rinde alabanzas y honor a Jesús, pero sabemos que esta misma multitud fue la que lo llevó al Calvario.
Muchas veces somos halagados por nuestras ovejas, nuestros pacientes, y nos asalta la tentación de dejar crecer a nuestros egos. Pero debemos estar preparados y entender que no siempre será así; muchas veces el paciente que nos ha exaltado en un tiempo, será el mismo que nos podrá rechazar en otro tiempo.
En la pastoral del camino no debemos crear expectativas falsas. No debemos esperar ser bien recibidos siempre; debemos estar preparados para amar a nuestros “pacientes” independientemente de las actitudes que ellos manifiesten hacia nosotros.

Nuestra presencia pastoral debe ser siempre acompañada por gracia incondicional, en coherencia con el amor incondicional del Dios a quien servimos.

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PASTORAL DE LA COMPASION III

En otra ocasión me quedé acompañando a una paciente que estaba en estado terminal y con su familia durante casi 12 horas. Aquella era una familia muy católica, pero allí permanecí orando en silencio, brindando mis hombros para aquellos que lloraban, ministrando y confortando a esa familia. Cuando el médico dijo que llegó la hora de sacar el respirador de la paciente, la familia pidió la presencia del sacerdote de su parroquia. Ese sacerdote llegó muy apurado, se puso sus vestimentas sacerdotales, entró en la UTI, realizó el rito del sacramento de la “extremaunción”, todo esto en menos de 5 minutos. Cuando terminó el ritual, el sacerdote salió sin menos decir una sola palabra a la familia. Este sacerdote estaba más centrado en su función eclesiológica y ritualista antes que en el paciente y su familia. Cuando la paciente falleció, yo estaba todavía al lado de la misma junto con sus familiares. No me sorprendió cuando los familiares y amigos de la paciente que allí estaban me pidieron que les oficiara el funeral.

Cuando Jesús alimenta la multitud su pastoral es completa; su compasión resulta en práctica, hay coherencia entre sus palabras y hechos. Una pastoral del camino eficiente debe ser integral, en donde la compasión se manifiesta en acción. En este punto estoy de acuerdo con la teoría de Maslow, que sostiene que si deseamos alcanzar las necesidades trascendentes del ser humano, muchas veces debemos empezar por sus necesidades básicas.
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PASTORAL DE LA COMPASION II

 

La pastoral del camino eficiente, motivada por la compasión, nos lleva hacia una “Pastoral Integral”. Muchas veces me quedo decepcionado con aquellos pastores y sacerdotes que llegan para visitar el paciente, pero su principal motivación es “vender sus servicios religiosos”; están más interesados en “convertir” a los pacientes antes que en servirles. Me acuerdo de uno de mis estudiantes que me dijo después de estar con un paciente de SIDA en la terapia intensiva: “cumplí mi misión; le hable del Evangelio. Si él no lo quiso, ya no es mi problema”. Le pregunté al estudiante de capellanía cuál era el nombre del paciente, cuántos años tenía, cómo fue que había adquirido sida, si era casado, si tenía esposa e hijos. El estudiante no me pudo responder, porque estaba más interesado en vender su mensaje (aquí no estoy quitando valor al mensaje del evangelio, sino cómo dicho mensaje es comunicado al paciente), antes que en amar y demostrar compasión por este ser que era “la imagen de Dios”; era una persona que no pudo entender el mensaje por la falta de compasión genuina de quien se lo comunicó.
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