COACH DEL DÍA: “ TANATOLOGIA!

muerte y vida

“Porque los vivos saben que han de morir, pero los muertos no saben nada ni esperan nada.”(Eclesiastés 9:5)

Tanatología es la arte de morir. Si hay alguna cosa que si todos iremos confrontar es la muerte. Alguien dice, la Vida es incierta pero la muerte es cierta. Como decía un filósofo, la muerte es simplemente una “coma”, y no el fin. La muerte es la “coma”, que llévanos a la segunda dimensión de la Vida.
Como capellán por más de 38 años, trabajando en el valle del dolor de un hospital y trabajando con pacientes terminales y dentro de la terapia intensiva, he sido confrontado con la muerte casi todos los días. El ministerio de un capellán hospitalario es acompañar el paciente y su familia en este proceso. Está con el paciente y su familia en la hora de la muerte es una de las funciones más sublimes y dolorosa para el capellán.

Eran 8 horas de una noche lluviosa de un martes, el capellán es llamado a pieza numero 11, cama uno, ahí está doña María, 82 años, con cáncer en los huesos. Hemos estado visitando doña María en varias ocasiones, cuando era internada para su tratamiento. Era una señora creyente, de mucha fe y siempre llamaba el capellán para orar y leer un pasaje de la Biblia para ella. Cuando llegué a su pieza, dio una sonrisa y pide que le pase la mano, y con un semblante lleno de paz me dice: “Capellán El Señor ha venido me buscar, sus ángeles están aquí, soy grata a Dios por la vida, ahora me despido y quisiera que estuviera aquí”. En este instante cierra sus ojos y da el último suspiro.
Había una paz en el ambiente, nosotros y sus familiares quedamos con sentimientos de dolor por la separación, pero con una inmensa paz en el corazón. Doña María, ahora entraba en la presencia del Señor, la esperanza de su fe, si tornaba realidad.

Eran las 13 de la tarde de un sábado, un hombre de unos 45 años entraba en la emergencia del hospital, sentía dolores profundos, que parecía ser un infarto, pero el mismo gritaba por alguien que le pudiera salvar, su rostro era de angustia, miedo, llegando cercar de un terror de la muerte. Me llamaran para atenderlo, para una contención emocional y espiritual. Entré donde estaba siendo atendido, cuando si dio cuenta que era el capellán, me rogo que intercederá a Dios para que no le deje morir. Me decía: “el diablo quiere mi alma, quiere me llevar, pero si Dios me librar, seré ahora bueno con las personas “. Le pedí que pudiera orar conmigo pidiendo que Cristo entre en su vida. El mi respondió, “no lo puedo, pero seré bueno con las personas, si el mi librar de la muerte”. Su desespero era grande, había mucha agitación en su alma, le pedí para me pasara la mano, para que pudiera orar con él. Su mano estaba cerrada, no lograba abrir-la, los puños cerrados, los dientes cerrados, todo su cuerpo rígido, había un grito de terror, cuando el mismo luchaba contra la muerte, dio el último suspiro. Al abrir sus manos, tenía en la izquierda un amuleto, símbolo del pacto con el diablo.

Quizá estas dos experiencias en presenciar la muerte de un ser, marcan dos extremos de un ser en su confrontación con la muerte. De un lado había un semblante tranquilo, fe, esperanza, paz y alegría de otro lado hay un semblante angustiado, terror, miedo y desespero.
La muerte es una paradoja; Nadie tiene miedo de la muerte, pero si del proceso de la muerte. Tenemos miedo del dolor que esta muerte puede causar, principalmente el dolor del alma. Este dolor del alma de cierta manera es natural, es el dolor de la perdida, del dejar, de la separación, de no poder dar continuidad a una meta , plan o un relacionamiento.Humanamente hablando es la perdida de la esperanza en realizar lo que queda en nuestra agenda aún por hacer.

Pero para el cristiano, es también una paradoja, si de un lado lloramos la perdida y la posibilidad de no más estar con aquel ser querido, sea lo que queda o sea lo que parte. De otro lado sabemos que la misma es una “Coma”, es el pasaje para una nueva dimensión de vida, es la realización de la razón de nuestra fe, todos deseamos entrar en este lugar, donde estaremos cara a cara con Dios, donde no habrá más dolor, enfermedad, lloro, tristeza, separación o muerte. Es vivir en estado eterno de gozo en la presencia de Dios.
Mi querido lector/a le invito a confrontar su propia muerte, esté seguro que la vida es incierta pero la muerte es cierta. La podemos enfrentar con temor y angustia, cuando no sabemos el destino de nuestra alma, cuando no tenemos esperanza de vida eterna. Pero la misma será un “Coma”, o sea el inicio de una nueva vida, cuando nuestra esperanza está en Cristo, cuando sabemos que nuestra vida aquí es apenas un “coma”, es pasajera y que nuestra meta principal es la ciudad celestial.
Todos hemos sentido la partida de Doña María, lloramos y añoramos su presencia, pero celebramos con ella su nueva dimensión de vida.

Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? (Juan 11:25,26)

Bendiciones,

Odenir Figueiredo Jr.
Capellán y Coach

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