ENCUENTROS EN EL CAMINO V

El principio de dar ánimo (fe):

Mateo 14.25-33, “En seguida Jesús hizo que los discípulos subieran a la barca y se le adelantaran al otro lado mientras él despedía a la multitud. Después de despedir a la gente, subió a la montaña para orar a solas. Al anochecer, estaba allí él solo, y la barca ya estaba bastante lejos de la tierra, zarandeada por las olas, porque el viento le era contrario.
“En la madrugada, Jesús se acercó a ellos caminando sobre el lago. Cuando los discípulos lo vieron caminando sobre el agua, quedaron aterrados.
— ¡Es un fantasma! —gritaron de miedo.
Pero Jesús les dijo en seguida:
— ¡Cálmense! Soy yo. No tengan miedo.
—Señor, si eres tú —respondió Pedro—, mándame que vaya a ti sobre el agua.
—Ven —dijo Jesús.
Pedro bajó de la barca y caminó sobre el agua en dirección a Jesús. Pero al sentir el viento fuerte, tuvo miedo y comenzó a hundirse. Entonces gritó:
— ¡Señor, sálvame!
En seguida Jesús le tendió la mano y, sujetándolo, lo reprendió:
— ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?
Cuando subieron a la barca, se calmó el viento. Y los que estaban en la barca lo adoraron diciendo:
—Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios.”

Creo que en el mar de la vida, muchas veces nuestros “pacientes” están en las “tinieblas”, entendiéndose como tal las situaciones en donde nos sentimos atrapados e inseguros, y el miedo se apodera de nosotros. Los fantasmas de la enfermedad, la muerte, la ruptura de un matrimonio, pérdida del trabajo, nos acosan; y todos estos temores son paralizantes. Muchas veces no somos capaces de sentir la presencia de Dios.

En estas circunstancias necesitamos ser animados y alentados en nuestra fe. Es importante en la pastoral del camino estar en primer lugar listos para encontrarnos con nuestros pacientes en el lugar en donde ellos están (en las tinieblas), y en la situación en la que están inmersos (atrapados por el temor); y en segundo lugar, darles ánimo para caminar con nosotros por encima de las aguas del mar de la vida. Para esto el paciente debe confiar en nosotros, saber que estaremos allí, listo para tomarles de la mano cuando los vientos de las circunstancias de la vida lo quisieran hundir.

Jesús estaba allí con su mano extendida para sostener a sus discípulos. Es importante para el consejero entender que muchas veces —y a pesar de nosotros— el paciente no tendrá la fe suficiente para caminar solo. Será importante animar al paciente para que pueda caminar solo, pero el mismo también debe saber que si fracasa allí estaremos para acompañarle.

ofj

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s