ENCUENTROS EN EL CAMINO VII

El principio de la reflexión. Juan 21.3-17:

—Me voy a pescar —dijo Simón Pedro.—Nos vamos contigo —contestaron ellos.
Salieron, pues, de allí y se embarcaron, pero esa noche no pescaron nada.
Al despuntar el alba Jesús se hizo presente en la orilla, pero los discípulos no se dieron cuenta de que era él.
—Muchachos, ¿no tienen algo de comer? —les preguntó Jesús.—No —respondieron ellos.
—Tiren la red a la derecha de la barca, y pescarán algo.
Así lo hicieron, y era tal la cantidad de pescados que ya no podían sacar la red.
— ¡Es el Señor! —dijo a Pedro el discípulo a quien Jesús amaba.
Tan pronto como Simón Pedro le oyó decir: «Es el Señor», se puso la ropa, pues estaba semidesnudo, y se tiró al agua. Los otros discípulos lo siguieron en la barca, arrastrando la red llena de pescados, pues estaban a escasos cien metros de la orilla. 9 Al desembarcar, vieron unos brasas con un pescado encima, y un pan.
—Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar —les dijo Jesús.
Simón Pedro subió a bordo y arrastró hasta la orilla la red, la cual estaba llena de pescados de buen tamaño. Eran ciento cincuenta y tres, pero a pesar de ser tantos la red no se rompió.—Vengan a desayunar —les dijo Jesús.
Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: « ¿Quién eres tú?», porque sabían que era el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio a ellos, e hizo lo mismo con el pescado. Ésta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos después de haber resucitado.
Cuando terminaron de desayunar, Jesús le preguntó a Simón Pedro:—Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?
—Sí, Señor, tú sabes que te quiero —contestó Pedro.—Apacienta mis corderos —le dijo Jesús.Y volvió a preguntarle:—Simón, hijo de Juan, ¿me amas?—Sí, Señor, tú sabes que te quiero.—Cuida de mis ovejas.
Por tercera vez Jesús le preguntó:—Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?
A Pedro le dolió que por tercera vez Jesús le hubiera preguntado: «¿Me quieres?» Así que le dijo:
—Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero.—Apacienta mis ovejas —le dijo Jesús—.

Muchas veces estamos atrapados en nuestra propia autosuficiencia; estamos tan enfocados en las circunstancias, en nuestra rutina, en nuestros hábitos, en nuestra capacidad cognoscitiva y en nuestras habilidades personales, que bloqueamos nuestra capacidad creativa y reflexiva. “Echar la red al lado derecho de la barca” significaba romper un paradigma; significaba estar abierto para una nueva opción. Solamente cuando salimos de nuestra miopía humana y espiritual es que podemos experimentar la sustanciación de la fe. Ahora los discípulos echaban la red, confiados en la palabra de Jesús.

Cuando en nuestra “Pastoral del Camino” facilitamos al hombre diferentes posibilidades, vías o alternativas en la solución de sus problemas, se da un proceso de reflexión. Es también una reflexión de fe; es decir, la confianza de la actuación del Divino en nuestro proceso de crecimiento integral.

En la segunda parte del texto la Pastoral del Señor Jesús continúa en el desarrollo del crecimiento de Pedro como discípulo cuando el maestro lo lleva a reflexionar en sus palabras, teniendo en cuenta en cuenta su experiencia de frustración y desaliento de sus afirmaciones antes de la negación. Ahora Pedro reflexiona, y entiende el amor incondicional de Jesús.

En nuestra pastoral del camino es necesario hacer reflexionar a la persona; reafirmar sus valores, y sobre todo hacer que esté consciente de que nuestro cuidado y amor para con ella es genuino, sincero e incondicional.
OFJ

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