ENCUENTRO CON LOS FARISEOS II

PASTORAL DE LA CONFRONTACIÓN
En la pastoral del camino con los fariseos Jesús empleó la ‘Confrontación”. Esto no significa argumentar o discutir diferentes opiniones personales, sin establecer un diálogo sincero, honesto y genuino. La confrontación de Jesús tenía como meta llevar a los fariseos al encuentro del “Trascendente”; es decir ayudarles y conducirles hacia una reflexión interior y teológica de las verdades que ellos mismos abogaban. Era una confrontación tendiente a una reflexión entre “ser” o “hacer”.
Uno de los episodios donde podemos ver esta confrontación para una reflexión es el caso de la mujer que había adulterado (Juan 8:3 -11):”Los maestros de la ley y los fariseos llevaron entonces a una mujer sorprendida en adulterio, y poniéndola en medio del grupo le dijeron a Jesús:
—Maestro, a esta mujer se le ha sorprendido en el acto mismo de adulterio. En la ley Moisés nos ordenó apedrear a tales mujeres. ¿Tú qué dices?
Con esta pregunta le estaban tendiendo una trampa, para tener de qué acusarlo. Pero Jesús se inclinó y con el dedo comenzó a escribir en el suelo. Y como ellos lo acosaban a preguntas, Jesús se incorporó y les dijo:
—Aquel de ustedes que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.
E inclinándose de nuevo, siguió escribiendo en el suelo. Al oír esto, se fueron retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos, hasta dejar a Jesús solo con la mujer, que aún seguía allí. Entonces él se incorporó y le preguntó:
—Mujer, ¿dónde están? ¿Ya nadie te condena?—Nadie, Señor.
—Tampoco yo te condeno. Ahora vete, y no vuelvas a pecar.”
“¿Tú qué dices?” No importa la verdadera intención de los fariseos; lo que importa es la búsqueda de un consejo. Aquí en la pastoral del camino; aquí y ahora, lo primero que vemos es la comunicación no verbal de Jesús: “Pero Jesús se inclinó y con el dedo comenzó a escribir en el suelo.” Aquí encontramos una situación en donde muchas veces como pastores y consejeros cristianos fallamos, principalmente cuando conocemos la intención interior de la persona que nos pide un consejo. Podemos reaccionar o reflexionar; en ese momento no podemos permitir que nuestras emociones determinen la dirección de nuestro consejo o pastoral, pues cuando esto acontece perdemos la objetividad. Aquí Jesús toma su tiempo, controlando su ira hacia la hipocresía de aquellos hombres y su intención maquiavélica, y más aún porque ellos quisieron usar a aquella pobre mujer como objeto para atraparlo en su teología y su ética como ciudadano sujeto las leyes de un país.
En su silencio y acción no verbal Jesús determinó y desarrolló un tiempo de reflexión tanto para los fariseos como para sí mismo. Aun ante la insistencia de una respuesta directa, el Señor no cae en la trampa de una respuesta simplista, sino que decide llevar aquellos hombres hacia una reflexión trascendental. Lo que hizo Jesús fue llevar a aquellos hombres hacia dentro de ellos mismos; y desde ahí encuentra la respuesta para sus inquietudes teológicas.
Al volver a inclinarse hacia al suelo, el Señor en su sincera y amorosa confrontación, no desea avergonzar a los fariseos, sino darles un espacio que ellos puedan reflexionar y pensar en la gracia trascendente.

.OFJ

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